Pinocho: fantasía y verdad eterna
![]() |
Introducción
Hay historias que no envejecen porque no pertenecen a una época, sino al corazón humano. Pinocho: fantasía y verdad eterna nace precisamente de esa certeza. No como un cuento infantil más, ni como una reinterpretación moderna por puro entretenimiento, sino como una forma de decir lo que muchas veces no sabemos cómo expresar.
Vivimos rodeados de mensajes que prometen identidad, libertad y plenitud. Se nos anima a creer en nosotros mismos, a construir nuestra verdad, a forjar quiénes somos. Pero cuanto más se insiste en ese camino, más personas descubren una sensación incómoda: algo no encaja. Se hace, se prueba, se intenta… y aun así el vacío persiste. Pinocho camina por ese mismo escenario. Se mueve, decide, sueña, pero no es real. Y esa tensión atraviesa toda la historia.
La fantasía se convierte entonces en el lenguaje perfecto. No acusa, no sermonea, no impone. Simplemente muestra. Muestra que el problema no siempre está en lo que hacemos, sino en lo que somos. Y esa es la verdad eterna que este libro quiere señalar.
No nací libre,
aunque me movía.
No nací vivo,
aunque respiraba historias ajenas.
Me dijeron:
“Sé tú mismo”,
pero nunca supe
quién era yo.
Corrí tras promesas de madera,
reí donde todos reían,
mentí para no quedarme solo.
Y cuanto más lo hacía,
más largo se volvía el engaño.
Quise ser real
con mis propias manos,
pero mis manos
también estaban hechas de mentira.
Hasta que entendí
que la vida no se talla,
no se construye,
no se merece.
La vida se recibe.
Y la fantasía,
cuando es verdadera,
no te duerme:
te despierta.

